Algunas veces aguanto mi mirada en el espejo con orgullo
y pienso que la vida no esta tan mal.
Siento el pulso de la sangre en mis venas como un torrente
de lava que va quemando todas mis penas.
Puede ocurrir también en cualquier momento inesperado,
hay que estar al acecho y saber capturarlo.
Por que entonces ha llegado el momento de coger aire y
administrarlo, para poder seguir respirando.
En esos instantes, suelo gritar hacia dentro, lanzando una
muda y pagana plegaria al esquivo dios de azar.
Y celebro su divino don como un misterio, un regalo o el
hallazgo de ese viento propicio que te ayuda a navegar.
Fernando Noriega